La Plaza

… los movimientis revolucionarios […] y también los movimientos artísticos, son máquinas de guerra. Una sociedad no se define tanto por sus contradicciones como por sus líneas de fuga.

Gilles Deleuze

El sistema, por más que se esfuerce por tener todo bajo control, no lo consigue. Siempre hay orificios por los que se produce un escape, una fuga… Toda posición de deseo contra la opresión, por muy local u minúscula que sea, termina por cuestionar el conjunto del sistema capitalista, y contribuye a abrir en él una fuga. Para Deleuze, el camino está en ver que líneas de fuga se presentan en lo inesperado, en el acontecimiento, o en el «devenir revolucionario», que puedan conducir, a través de las máquinas de guerra, a nuevos espacios-tiempos…

Paul Virilio analiza como las antiguas formas de sociedades de control agonizan ante las nuevas formas; el hombre endeudado, los juegos televisivos, el miedo y el pánico, toman las conciencias, oponen a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividiéndolo en si mismo. Ya somos vagabundos, homeless que no tenemos hogar por más que tengamos un techo. La «democracia de la emoción» opera con la lógica concentracionaria de la claustrópolis y una vigilancia global a través de las tecnologías. «Mañana el Ministerio del miedo dominará. desde lo alto de sus satélites y de sus antenas parabólicas, al Ministerio de Guerra, ya caído en desuso… Hoy es muy difícil ocultar información, pero igual de difícil es que una revelación de información provoque un «despertar» de las conciencias».

En el año 2007 una diversidad de sucesos confluyó en la plaza 9 de julio. Pocas veces la misma fue tan real.

Tractores atravesados por oceánicos surcos, a la manera de inmigrantes huyendo de situaciones de guerra, familias de agricultores, protesta de empleados por reclamos a la empresa Yacyretá, tractorazo solidario con músicos y actores, saxofonistas, representantes de derechos humanos, público, policías, fotógrafos, periodistas, indigente y su madre homeless, jóvenes, niños, oficios de misa de rutina, perros…. Un microuniverso global y singular. Para nosotros, espectadores, no había porque registrar esa congregación de máquinas arruinadas, nada había para consumir, nos empujaba el apuro y la huída para que no prescindan de nosotros también. Esa sólida, y silenciosa mirada en el centro de la ciudad era un grito de despertaba turbulencias. No había porqué bailar esa pesadilla de piezas gastadas amarradas a la vida con sogas y bolsas, con lonas y telas imitando la existencia. No estabamos preparados para ver gente territorial dando saltos cuánticos, surfeando rutas y haciendo reales eventos virtuales. Imponentes, insistentes, escandalosos, claros y oscuros, como viejos reyes, con la dignidad y el reino saqueados, con las máquinas oxidadas y no desaparecidas totalmente en el aluvión.-

….

En el museo histórico y antropológico Andrés Guacurarí, presentada por Malena Teijeiro. El arte como política de lo real para hipnotizar con el fin de elevarse a un tiempo sagrado. El mecanismo de la repetición libera una gran descarga de energía pero también produce una profunda molestia, obsesión o angustia. No es para despertar…

La obra pasa por los siguientes ejes

E S P E C T A D O R E S

El mundo es cada vez más una fábrica de espectadores, indiferentes y negadores de realidad. Cómo se logra esto, a través de la televisión que se apropia de nuestra conciencia, reduce nuestro pensamiento y nos vuelve adictos a ella. Nos vende una hiperrealidad y eso hace que no registremos la propia. Lo más común es que creer que como espectadores de las injusticias sociales no estamos en el lugar de los que hacen daño, ni de los que lo sufren, pero no es así, por omisión o por comisión estamos en el lugar de los primeros. Con las autopistas de la información y las confesiones públicas el yo no sabía no está en sintonía con la época.

E X C L U I D O S

Había en la plaza un hombre con su madre homeless. Con anterioridad hubo una familia en la vereda del banco hipotecario que se volvió transparente. En lugares remotos se expulsa cada vez más personas que van a parar a campamentos de refugiados porque otros países no los quieren recibir. Los conflictos armados y la pobreza se refuerzan mutuamente (En África se dan cita estos dos factores -guerras y pobreza- a escala aterradora)1 El juego de el programa televisivo gran hermano es la exclusión; la pretensión es la de acostumbrarnos a ese paisaje.

D E S R E G U L A C I Ó N

La situación de los agricultores es un resultado de ella. .El “nuevo desorden mundial” de la desregulación genera la sensación de que todo puede pasar y que al mundo no lo controla nadie.

R E S I D U O S

Estamos ante la precariedad de la condición humana y la desechabilidad de los seres humanos. La plaza estaba llena de residuos como el mundo y sus residuos tecnológicos o sus residuos nucleares. Esas máquinas arruinadas anunciaban nuestro propio deterioro y el de la condición humana.

I N M O V I L I D A D
La inmovilidad de esas máquinas eran una mirada silenciosa desde y hacia nuestro propio centro, que nos ponía en situación incómoda. Como nuestro eje físico ante las pantallas, lo que se mueven son las imágenes de luz. Otras de las características del claustro y el sedentarismo. (remera en el público) Nos monitorean y somos monitoreados.

S O L I D E Z

Marchamos hacia la desmaterialización. El cuerpo es memoria dicen algunos filósofos. Lo único sólido con lo que contamos en esta modernidad líquida es con una tabla de surfear.

Para nosotros, espectadores, no había porque registrar esa congregación de máquinas arruinadas; nada había para consumir, nos empujaba el apuro y la huída para que no prescindan de nosotros. Esa sólida y silenciosa mirada en el centro de la ciudad era un grito que despertaba turbulencias. No había porqué bailar esa pesadilla de piezas gastadas amarradas a la vida con sogas y con bolsas, con lonas o telas imitando la existencia. No estábamos preparados para ver esa gente territorial dando saltos cuánticos, surfeando rutas y haciendo reales eventos virtuales. Imponentes, insistentes, escandalosos, claros y oscuros, como viejos reyes con la dignidad y el reino saqueados, con las máquinas oxidadas y no desaparecidas totalmente bajo el aluvión. Por otra parte, en esta modernidad acelerada como un líquido, donde lo único sólido que encontramos es una tabla de surf, esas máquinas enormes e inmóviles eran una mirada desde nuestro propio centro que podría producir un vértigo inesperado.

Paul Virilio analiza cómo las antiguas formas de las sociedades de control agonizan ante las nuevas formas; el hombre endeudado, los juegos televisivos, el miedo y el pánico, toman las conciencias, oponen a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividiéndolo en sí mismo. Ya somos vagabundos, homeless, que no tenemos hogar por más que tengamos un techo. La “democracia de la emoción” opera con la lógica concentracionaria de la claustrópolis y una vigilancia global a través de las tecnologías. «Mañana el Ministerio del Miedo dominará, desde lo alto de sus satélites y de sus antenas parabólicas, al Ministerio de Guerra ya caído en desuso… Hoy es muy difícil ocultar información, pero igual de difícil es que una revelación de información provoque un «despertar» de las conciencias.

El video es un documental de lo que presencié, con un marco autoreferencial, trabajado con efectos de celeridad para connotar la velocidad, el vértigo de las turbulencias en contraste con el tiempo presente de los niños y de los artistas, similar al que yo experimenté cuando me interné en ese micro universo singular. La música es un loops que consiste en la repetición constante de sonidos: los aborígenes ya los usaban para hipnotizar con el fin de elevarse a un tiempo sagrado. El mecanismo de la repetición libera una gran descarga de energía pero también produce una profunda molestia, obsesión o angustia. No es para despertar …

… los movimientis revolucionarios […] y también los movimientos artísticos, son máquinas de guerra. Una sociedad no se define tanto por sus contradicciones como por sus líneas de fuga.

Gilles Deleuze

El sistema, por más que se esfuerce por tener todo bajo control, no lo consigue. Siempre hay orificios por los que se produce un escape, una fuga… Toda posición de deseo contra la opresión, por muy local u minúscula que sea, termina por cuestionar el conjunto del sistema capitalista, y contribuye a abrir en él una fuga. Para Deleuze, el camino está en ver que líneas de fuga se presentan en lo inesperado, en el acontecimiento, o en el «devenir revolucionario», que puedan conducir, a través de las máquinas de guerra, a nuevos espacios-tiempos…

Paul Virilio analiza como las antiguas formas de sociedades de control agonizan ante las nuevas formas; el hombre endeudado, los juegos televisivos, el miedo y el pánico, toman las conciencias, oponen a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividiéndolo en si mismo. Ya somos vagabundos, homeless que no tenemos hogar por más que tengamos un techo. La «democracia de la emoción» opera con la lógica concentracionaria de la claustrópolis y una vigilancia global a través de las tecnologías. «Mañana el Ministerio del miedo dominará. desde lo alto de sus satélites y de sus antenas parabólicas, al Ministerio de Guerra, ya caído en desuso… Hoy es muy difícil ocultar información, pero igual de difícil es que una revelación de información provoque un «despertar» de las conciencias».

En el año 2007 una diversidad de sucesos confluyó en la plaza 9 de julio. Pocas veces la misma fue tan real.

Tractores atravesados por oceánicos surcos, a la manera de inmigrantes huyendo de situaciones de guerra, familias de agricultores, protesta de empleados por reclamos a la empresa Yacyretá, tractorazo solidario con músicos y actores, saxofonistas, representantes de derechos humanos, público, policías, fotógrafos, periodistas, indigente y su madre homeless, jóvenes, niños, oficios de misa de rutina, perros…. Un microuniverso global y singular. Para nosotros, espectadores, no había porque registrar esa congregación de máquinas arruinadas, nada había para consumir, nos empujaba el apuro y la huída para que no prescindan de nosotros también. Esa sólida, y silenciosa mirada en el centro de la ciudad era un grito de despertaba turbulencias. No había porqué bailar esa pesadilla de piezas gastadas amarradas a la vida con sogas y bolsas, con lonas y telas imitando la existencia. No estabamos preparados para ver gente territorial dando saltos cuánticos, surfeando rutas y haciendo reales eventos virtuales. Imponentes, insistentes, escandalosos, claros y oscuros, como viejos reyes, con la dignidad y el reino saqueados, con las máquinas oxidadas y no desaparecidas totalmente en el aluvión.-

….

En el museo histórico y antropológico Andrés Guacurarí, presentada por Malena Teijeiro. El arte como política de lo real para hipnotizar con el fin de elevarse a un tiempo sagrado. El mecanismo de la repetición libera una gran descarga de energía pero también produce una profunda molestia, obsesión o angustia. No es para despertar…

La obra pasa por los siguientes ejes

E S P E C T A D O R E S

El mundo es cada vez más una fábrica de espectadores, indiferentes y negadores de realidad. Cómo se logra esto, a través de la televisión que se apropia de nuestra conciencia, reduce nuestro pensamiento y nos vuelve adictos a ella. Nos vende una hiperrealidad y eso hace que no registremos la propia. Lo más común es que creer que como espectadores de las injusticias sociales no estamos en el lugar de los que hacen daño, ni de los que lo sufren, pero no es así, por omisión o por comisión estamos en el lugar de los primeros. Con las autopistas de la información y las confesiones públicas el yo no sabía no está en sintonía con la época.

E X C L U I D O S

Había en la plaza un hombre con su madre homeless. Con anterioridad hubo una familia en la vereda del banco hipotecario que se volvió transparente. En lugares remotos se expulsa cada vez más personas que van a parar a campamentos de refugiados porque otros países no los quieren recibir. Los conflictos armados y la pobreza se refuerzan mutuamente (En África se dan cita estos dos factores -guerras y pobreza- a escala aterradora)1 El juego de el programa televisivo gran hermano es la exclusión; la pretensión es la de acostumbrarnos a ese paisaje.

D E S R E G U L A C I Ó N

La situación de los agricultores es un resultado de ella. .El “nuevo desorden mundial” de la desregulación genera la sensación de que todo puede pasar y que al mundo no lo controla nadie.

R E S I D U O S

Estamos ante la precariedad de la condición humana y la desechabilidad de los seres humanos. La plaza estaba llena de residuos como el mundo y sus residuos tecnológicos o sus residuos nucleares. Esas máquinas arruinadas anunciaban nuestro propio deterioro y el de la condición humana.

I N M O V I L I D A D
La inmovilidad de esas máquinas eran una mirada silenciosa desde y hacia nuestro propio centro, que nos ponía en situación incómoda. Como nuestro eje físico ante las pantallas, lo que se mueven son las imágenes de luz. Otras de las características del claustro y el sedentarismo. (remera en el público) Nos monitorean y somos monitoreados.

S O L I D E Z

Marchamos hacia la desmaterialización. El cuerpo es memoria dicen algunos filósofos. Lo único sólido con lo que contamos en esta modernidad líquida es con una tabla de surfear.

Para nosotros, espectadores, no había porque registrar esa congregación de máquinas arruinadas; nada había para consumir, nos empujaba el apuro y la huída para que no prescindan de nosotros. Esa sólida y silenciosa mirada en el centro de la ciudad era un grito que despertaba turbulencias. No había porqué bailar esa pesadilla de piezas gastadas amarradas a la vida con sogas y con bolsas, con lonas o telas imitando la existencia. No estábamos preparados para ver esa gente territorial dando saltos cuánticos, surfeando rutas y haciendo reales eventos virtuales. Imponentes, insistentes, escandalosos, claros y oscuros, como viejos reyes con la dignidad y el reino saqueados, con las máquinas oxidadas y no desaparecidas totalmente bajo el aluvión. Por otra parte, en esta modernidad acelerada como un líquido, donde lo único sólido que encontramos es una tabla de surf, esas máquinas enormes e inmóviles eran una mirada desde nuestro propio centro que podría producir un vértigo inesperado.

Paul Virilio analiza cómo las antiguas formas de las sociedades de control agonizan ante las nuevas formas; el hombre endeudado, los juegos televisivos, el miedo y el pánico, toman las conciencias, oponen a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividiéndolo en sí mismo. Ya somos vagabundos, homeless, que no tenemos hogar por más que tengamos un techo. La “democracia de la emoción” opera con la lógica concentracionaria de la claustrópolis y una vigilancia global a través de las tecnologías. «Mañana el Ministerio del Miedo dominará, desde lo alto de sus satélites y de sus antenas parabólicas, al Ministerio de Guerra ya caído en desuso… Hoy es muy difícil ocultar información, pero igual de difícil es que una revelación de información provoque un «despertar» de las conciencias.